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¿Cómo Aprende Realmente el Cerebro?: La Ciencia de la Atención y la Memoria




Por: 

Mariela Galaviz
M.Sc. in Neuroeducation, Ph.D. Candidate

Imagina que tienes una caja de herramientas en tu mente. Algunas herramientas te ayudan a enfocar tu atención, otras te permiten almacenar recuerdos y otras ayudan a recuperarlos cuando los necesitas. Así es cómo funciona el cerebro en el aprendizaje: una red de mecanismos que colabora para captar, procesar, guardar y recuperar información. Vamos a desglosar esta "caja de herramientas mental" desde la neurociencia para entender cómo realmente aprendemos.

La Atención: El Primer Paso en el Aprendizaje

Todo aprendizaje comienza con la atención. Es como el filtro que selecciona qué información va a ingresar al cerebro y qué se va a quedar fuera. Sin prestar atención, cualquier esfuerzo por recordar o entender algo es prácticamente inútil.

¿Qué ocurre en el cerebro al poner atención? Cuando enfocamos nuestra atención, especialmente en algo que nos parece importante o novedoso, una serie de áreas cerebrales se activan, incluyendo la corteza prefrontal (responsable del pensamiento y la planificación) y el sistema de recompensa, que nos motiva a mantener la atención en lo que estamos haciendo.

Un estudio realizado por Gazzaley y Rosen (2016) mostró que, cuando una persona presta atención de manera consciente, su cerebro es capaz de suprimir distracciones y realzar la actividad en las áreas relevantes para la tarea. Sin embargo, una sobrecarga de estímulos (como notificaciones en el teléfono o ruidos externos) puede activar áreas como el lóbulo parietal, llevándonos a "saltar" de una cosa a otra sin profundizar en nada. Es por eso que aprender a “atender” es tan importante para el aprendizaje profundo.

La Memoria: El Almacén del Conocimiento

La memoria es la segunda gran herramienta del aprendizaje, pues nos permite conservar lo que aprendemos y acceder a esa información cuando la necesitamos. La neurociencia divide la memoria en distintos tipos: memoria de trabajo, memoria a corto plazo y memoria a largo plazo.

Memoria de trabajo: Este tipo de memoria es como una mesa de trabajo mental. Mantiene en mente la información temporalmente mientras trabajamos con ella. Cuando tratamos de aprender un número de teléfono o seguimos instrucciones paso a paso, usamos la memoria de trabajo. Sin embargo, esta “mesa” tiene espacio limitado: puede almacenar entre 4 y 7 elementos a la vez, según un estudio de Cowan (2001). Esto explica por qué, si estamos pensando en muchas cosas al mismo tiempo, algunas terminan olvidándose.

Memoria a largo plazo: Cuando un dato se guarda en la memoria a largo plazo, quiere decir que ha pasado de ser “nuevo” a ser “conocido” para nuestro cerebro. En este proceso, el hipocampo tiene un papel clave, ya que ayuda a consolidar (o estabilizar) la información para que, después de un tiempo, pueda almacenarse en distintas áreas del cerebro. A partir de aquí, la información queda más accesible a largo plazo, lista para ser usada cuando la necesitemos.

La práctica distribuida es una estrategia que favorece esta consolidación. Por ejemplo, un estudio de Roediger y Butler (2011) encontró que es mucho más efectivo estudiar un poco cada día que hacerlo todo de una vez. Esta práctica mejora la consolidación de la información en la memoria a largo plazo, reduciendo el “olvido” de lo aprendido.

¿Cómo Podemos Mejorar la Atención y la Memoria en el Aprendizaje?

La buena noticia es que tanto la atención como la memoria pueden entrenarse. A continuación, algunos consejos basados en estudios neurocientíficos:

  • Técnica de “bloques de atención”: Dedica entre 25 y 50 minutos a una sola tarea y luego toma un descanso breve. Esto se conoce como técnica Pomodoro y evita la sobrecarga en la memoria de trabajo (Cirillo, 2006).

  • Practicar “repasos espaciados”: En lugar de leer la misma información en una sola sesión, revisa la información en intervalos de tiempo separados. Esto ayuda a que el cerebro reconozca que la información es importante, como se demostró en estudios de Bahrick (1993) sobre aprendizaje de idiomas.

  • Dormir adecuadamente: La consolidación de la memoria ocurre principalmente durante el sueño profundo, según Walker y Stickgold (2004). Así que dormir lo suficiente permite que el cerebro almacene correctamente la información del día.

Atender y Recordar son los Pilares del Aprendizaje

Aprender no es solo un acto pasivo. El cerebro necesita activar distintos sistemas de atención y memoria para procesar, almacenar y, finalmente, usar la información. La próxima vez que quieras aprender algo nuevo, pon en práctica algunas de estas estrategias para ayudar a tu cerebro a trabajar a su favor. ¡Entender el proceso es la clave para un aprendizaje más efectivo y duradero!

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