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¿Por qué los adultos apagamos el asombro de los niños?


Por: 

Mariela Galaviz
M.Sc. in Neuroeducation, Ph.D. Candidate

¿Hasta cuando vamos a dejar de apagar la creatividad de nuestros niños? Hoy en día es jactancia para los adultos decir ‹‹A mi nada me sorprende››. Pena nos debería de dar. 

Vivimos en un mundo frenético en el que en primer lugar, no tenemos tiempo de detenernos en nuestros propios pensamientos, menos en los pensamientos inquietos de los niños. ¿Hasta cuando vamos a callar sus dulces voces inquietas? Estamos desapareciendo su asombro con frases como ‹‹Ahorita no, mañana lo investigamos›› Que técnicamente no tendría nada de malo, pero ¿realmente te darás el tiempo de contestar sus dudas? ¿o solo lo dices para que ya no te moleste? Estamos ‹‹adultificando›› a los niños cada vez a mas temprana edad. 

Ya no tenemos paciencia para contestar a sus inquietudes, inquietud, curiosidad, emoción, asombro necesarios para ser científico, escritor, artista, músico, y tantas cosas. Lo que para nosotros parecen tonterías, para ellos es el descubrimiento mas grande del mundo, su propio descubrimiento de la vida. 

Parece ser que ya no tenemos tiempo de nada, y aunque lo tuviéramos, no tiene caso ‹‹perder el tiempo›› en eso porque ¿de que nos sirve saber por qué las hormigas negras no pican o si el cielo tiene gérmenes? hay cosas mas "importantes" que hacer como ponerse a estudiar matemáticas, castellano o aprender un idioma nuevo. 

Casi sin darnos cuenta hemos eliminado su curiosidad y capacidad de asombro, estamos volviendo de los niños, pequeños adultos llenos de ansiedad, frustración y preocupaciones que no deberían tener en la infancia. 

En una ansiedad por ‹‹proteger›› nuestro silencio, (silencio que no ocurre porque siempre estamos distraídos en pantallas o llenos de trabajo, llenos de ruido mental), nos hemos vuelto tan intolerantes a sus preguntas, tan poco pacientes para responder a aquellos descubrimientos que solo quieren compartir con nosotros, como si supiéramos que ellos ya lo han visto y vivido todo, como si no supiéramos que todo en este mundo, hasta el color de las hormigas es novedad. Como si preguntaran por molestar, y no porque les sorprende la vida...

Catherine L'Ecuyer profundiza con gran detalle este tema en su libro ‹‹Educar en el asombro››, donde nos dice que la mayoría de las veces los niños no esperan que tu les des una explicación lógica. Tampoco quieren que las cosas sean de otra manera, no esperan que el pasto verde sea azul, pero son tan flexibles y creativos que para ellos la realidad que es, tiene posibilidades infinitas de cómo pudo haber sido. 

A veces también lo único que quieren hacer es compartir contigo su descubrimiento; algo que en su pensamiento, quizás tu tampoco conoces. 


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